Soneto de Manuel Parra a Adolfo Celdrán
Cuando Adolfo Celdrán canta o recita
se extiende una fragancia que rezuma,
los ecos de su mar y de su espuma
donde un agua rebrinca y se encabrita.
Cuando Adolfo Celdrán nos precipita
en recuerdos que habitan en la bruma,
aquello que pasó y aún nos abruma
en su palabra vuelve y resucita.
Tras su verso retorna lo vivido,
y el instante que fue es convocado,
y, Adolfo, de nostalgias revestido,
nos sumerge hasta el fondo en el pasado
y aquel fulgor que habita en el olvido
es, de nuevo, presente emocionado.